25 horas.

Y parece que estoy cada vez más enredada en este bucle. 

Aquel inolvidable fin de semana de selección dio paso a decenas de horas de Skype, a cientos de sonrisas y bromas, a miles de promesas. Y esas promesas, esencia quizás de algo más duradero, más perenne, fueron creciendo y convirtiéndose en parte imprescindible de mi vida. ¿Qué da mas fuerza al ser humano que esas promesas moldeadas en forma de esperanza? Esperanza de mantener el recuerdo, esperanza de seguir juntos, esperanza de un reencuentro. 

Y, aunque parecía difícil o casi imposible, el jueves día 1 de mayo esta esperanza dio sus frutos. Nos encontramos Carlitos, LuisDa y yo temprano por la mañana (bueno, temprano para una persona que ama dormir: las 10 y media), y disfrutamos de un intenso tour por mi bella Granada. Cuestas arriba, cuestas abajo, y entre cuesta y cuesta, una selfie cortesía de LuisDa. Nos bronceamos bajo el sol de la Alhambra, descansamos bajo las copas de los árboles en sus frondosos bosques, marcamos con el flash de las cámaras de nuestros móviles cada uno de los monumentos y lugares que, por el incalculable valor del momento, no queríamos olvidar.

Tras las ‘‘tapillas granaínas” que ningún visitante debería perderse, nos encontramos con nuestra Elena. Subimos los cuatro en expedición al emblemático mirador de San Nicolás, en el que la vista imponente de la Alhambra hipnotiza incluso a quienes la conocemos como a un miembro más de nuestra familia. Los rayos de aquel sol primaveral reptaban y zigzagueaban al compás del ambiente hippie, la música improvisada de los artistas callejeros y la mezcla de lenguas. 

Al anochecer, Elena se marchó. Pero nuestra ”aventura” aún tenía que continuar. Más de media hora de autobús después, nos disponíamos LuisDa y yo a dormir en casa de Carlitos, gracias a la hospitalidad de su madre Salud (qué amor de mujer!!). Hablamos, reímos, bromeamos y, por supuesto, skypeamos con nuestros queridos UWCers. La confianza creció, el contacto se volvió más cercano, las risas se tornaron en susurros con más promesas. Y, entre susurros y promesas, no conseguimos conciliar el sueño hasta las 7 y media de la mañana. 

Hora y media después nos levantamos, con apariencia y actitud de ”The Walking Dead”, para llevar a al solete de LuisDa a la estación de autobuses. Casi como de película, llegamos cuando quedaba un minuto para que saliese el bus, y nos despedimos entre lágrimas incontrolables y sonrisas de felicidad absoluta por haber vivido esta experiencia. 

Fueron 25 horas con mis UWCers.

*Mención especial a LuisDa, por llevar a cabo una perfecta labor de espionaje y camuflaje.*

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